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Viajar para comer

Cuando viajamos a un nuevo lugar, queremos conocer todo lo que ese sitio representa: sus monumentos, sus gentes, su historia, su gastronomía… La comida es una forma de diferenciar culturas en un mundo cada vez más globalizado y, por eso, es cada vez más común el denominado “turismo gastronómico”. Comer bien es un placer y pocas cosas en la vida pueden igualar lo que sentimos al probar un nuevo plato, un nuevo sabor. Por eso, conocer un país a través del paladar y del estómago es una forma de hacer turismo cada vez más extendida. 

Este tiene tanta fuerza en algunos puntos del mundo, que hay países que se identifican con un tipo de alimento. Bélgica siempre será chocolate, Italia la pasta o las pizzas, Japón será el sushi, España paella o tortilla y México el tequila. 

Según datos expuestos en la quinta edición del Foro Mundial de Turismo Gastronómico, en 2018 se incrementó en un 16,7% los turistas que visitaron España para disfrutar y conocer su gastronomía. Es más, España se ha consolidado como el destino europeo de atracción turística en torno a la gastronomía nacional (seguida por Francia, Alemania y Portugal) con una facturación de 15 millones de euros. Asimismo, La Rioja, Andalucía y País Vasco son las Comunidades Autónomas que más visitas reciben en torno a esta temática.

Canarias y Tenerife, en concreto, también han fomentado el consumo de los productos locales por parte de los visitantes. De esta forma, la Isla busca formar parte de la élite de destinos gastronómicos del mundo. Y lo cierto es que no tiene nada que envidiarle a las grandes conocidas. El famoso clima de Tenerife influye también en la calidad de sus productos locales que se refleja en una cocina sencilla pero sabrosa.

Aunque Tenerife siempre ha sido una isla de tradición pesquera, sus carnes también gozan de calidad y reconocimiento. Sobre todo, los platos a base de carne de cabra o de conejo, junto a la especie autóctona del cochino negro, son los más consumidos por la población local y por los turistas. De la mano de estas, podemos saborear el patudo canario, las sardinas o el cherne (entre otros) en cualquier restaurante tinerfeño. Incluso en muchos de los pueblos pesqueros de la isla se puede comprar el pescado recién salido del mar.

Por otro lado, reconocidas a nivel internacional, las castañas se convierten en las reinas de nuestra mesa durante su época del año y las calles se inundan de su olor. En la comarca de Acentejo se llegan a cultivar más de veinte especies y con las fiestas de San Andrés, las bodegas abren sus puertas de par en par para invitarnos a degustar este manjar con un buen vaso de vino, mojos y pescados.

Pero si tenemos que hablar de producto estrella, este es, sin ninguna duda, el gofio. Desde que los Guanches habitaban la isla, el gofio se ha convertido en el soberano de alimentación típica canaria, formando parte de la historia más antigua de Tenerife. Los molinos tradicionales aún trabajan en muchos de los pueblos, llenando de aroma a cereal tostado el corazón de sus habitantes, que ven al gofio como un símbolo de identidad. Y una acompañante magnífica para él es la miel que, gracias a las flores endémicas de Canarias, tiene un sabor incomparable.

No podemos olvidar que, junto al gofio, las papas son el producto gastronómico por excelencia y el más famoso. Gracias al terreno de la isla de Tenerife, la papa se convirtió en uno de los alimentos básicos en la mesa de la población tinerfeña y, por eso, es uno de los más preciados. Desde el año 2013, se reconoce la Denominación de Origen Protegida “Papas Antiguas de Canarias” por su sabor y sus cualidades en la papa bonita, la papa negra, azucena, etc.

Asimismo, en las zonas rurales de la isla de Tenerife sigue desarrollándose una importante tradición quesera y, sobre todo, con el queso de cabra o una mezcla entre cabra y oveja. Frescos o curados, muchos de ellos se siguen elaborando de manera artesanal. Junto con las papas y los mojos, el queso es fundamental en la mesa de cualquier restaurante o guachinche y puede presentarse de diferentes maneras, todas de ellas de agradable sabor. Y si están acompañados de un buen vino, ¡mucho mejor! Blancos, rosados, tintos o Malvasías; el mismísimo William Shakespeare alabó los vinos de Tenerife y es que esta bebida nunca está de más en la mesa canaria. Desde grandes bodegas hasta particulares se dedican al cuidado de la viña y a la producción. La Isla cuenta con cinco comarcas vitivinícolas: Tacoronte-Acentejo, Ycoden-Daute-Isora, Valle de la Orotava, Valle de Güímar y Abona y la diferencia entre el terreno hace que las vides sean especiales y diferentes entre sí.

Para ponerle un punto y final a nuestro homenaje a la comida tinerfeña, tenemos que mencionar los plátanos, aguacates y papayas. Aunque estas últimas forman parte de una venta más localizada, los plátanos y aguacates se han hecho un hueco en el mercado internacional por su gran valor nutricional y su agradable sabor. Así que, como se podemos observar, el buen comer siempre ha sido fundamental en la cultura canaria y, por eso, Tenerife disfruta de grandes atractivos gastronómicos.

 

 

 

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