Después del eclipse total de Sol del pasado 12 de agosto, España ha vuelto a mirar al cielo. Esta madrugada, un eclipse parcial de Luna visible desde todo el país ha cerrado un mes especialmente intenso para los aficionados a la astronomía. Dos eclipses separados por apenas 16 días pueden despertar una pregunta inevitable: ¿está ocurriendo algo diferente en el espacio?
Durante la madrugada de este 28 de agosto, la Tierra se situó entre el Sol y la Luna y proyectó su sombra sobre nuestro satélite. Según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el eclipse alcanzó una magnitud de 0,93 y llegó a su máximo a las 6:12 horas, en horario peninsular.
La visibilidad varió según el punto de España. En el centro y este de la Península, Baleares y Melilla, la Luna se ocultó antes de que terminara la fase parcial, mientras que en el oeste peninsular, Canarias y Ceuta pudo seguirse durante más tiempo.
Aunque durante el fenómeno pudieron apreciarse tonalidades cobrizas o rojizas, no se trató de una “Luna de sangre” propiamente dicha, expresión asociada principalmente a los eclipses lunares totales. Esos tonos aparecen porque la luz solar atraviesa la atmósfera terrestre antes de llegar a la Luna: los colores azulados se dispersan con mayor facilidad, mientras que los rojizos consiguen atravesarla mejor.

Pero ¿por qué estamos viendo tantos eclipses últimamente? La respuesta es sencilla: no está ocurriendo nada extraño con nuestro planeta.
Los eclipses se agrupan de manera natural en las llamadas temporadas de eclipses, periodos de aproximadamente 35 días que se producen alrededor de dos veces al año. La órbita de la Luna está inclinada unos cinco grados respecto al plano de la órbita terrestre, por lo que Sol, Tierra y Luna solo quedan perfectamente alineados en determinados momentos.
Cuando esa alineación coincide con una Luna nueva puede producirse un eclipse solar y, aproximadamente dos semanas después, con la llegada de la Luna llena, las condiciones todavía pueden ser favorables para un eclipse lunar. Eso es precisamente lo que ha sucedido este agosto. De hecho, el IGN señala que cada año se producen normalmente entre cuatro y siete eclipses entre solares y lunares.

Entonces, ¿por qué desde España se pueden ver estos eclipses? Es una cuestión de ubicación y geometría. Los eclipses solares totales solo pueden observarse desde una estrecha franja del planeta, y este año esa trayectoria atravesó España. Los eclipses lunares, en cambio, son visibles desde territorios mucho más amplios siempre que la Luna se encuentre sobre el horizonte.
Y la buena racha española todavía no ha terminado. El 2 de agosto de 2027, otro eclipse total de Sol será visible desde parte del territorio español y, el 26 de enero de 2028, llegará un eclipse anular. Una sucesión excepcional que sitúa a España en una posición privilegiada durante estos años.
Así que no, el planeta no está haciendo nada extraño. Simplemente estamos viviendo la combinación perfecta entre ciclos astronómicos completamente normales y una ubicación geográfica especialmente favorable. Y, durante unos años, nos ha tocado estar en primera fila.





