Yayoi Kusama ha muerto a los 97 años dejando algo que muy pocos artistas consiguen: un lenguaje visual reconocible en cualquier parte del mundo. Sus lunares pasaron de las galerías de arte a los bolsos de Louis Vuitton, las boutiques de lujo y las calles de algunas de las principales capitales de la moda.
La artista japonesa falleció el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio. Su estudio comunicó la noticia este jueves y confirmó que continuó pintando hasta sus últimos días.
Pero ¿cómo terminó una artista contemporánea convirtiéndose también en un icono de la moda?
Kusama llevaba décadas utilizando los polka dots (estampado de lunares) antes de que las grandes marcas llamaran a su puerta. No inventó los lunares, pero consiguió convertir su repetición obsesiva en una firma personal. Sus puntos cubrían pinturas, esculturas, habitaciones, cuerpos y objetos hasta crear la sensación de no tener principio ni final.

Y la moda formó parte de esa experimentación muy pronto. En 1968 creó Kusama Fashion Company en Nueva York y llegó a comercializar algunos de sus diseños en Bloomingdale’s. Para ella, una prenda podía funcionar como otra extensión de su obra.
Décadas después llegó la colaboración que multiplicaría su presencia en la industria del lujo. Marc Jacobs, entonces director artístico de Louis Vuitton, visitó su estudio en Tokio en 2006. De aquella relación nació en 2012 la primera gran colección Louis Vuitton x Yayoi Kusama.
Sus lunares invadieron bolsos, vestidos, zapatos, accesorios y escaparates de la maison. El reconocible Monogram de Louis Vuitton convivía ahora con uno de los códigos visuales más famosos del arte contemporáneo.

En 2023, Louis Vuitton volvió a colaborar con Kusama y llevó el proyecto mucho más lejos. Sus Painted Dots, Infinity Dots y motivos psicodélicos aparecieron sobre algunas de las piezas más conocidas de la firma, mientras gigantescas figuras de la artista ocuparon las fachadas de boutiques en ciudades como París y Londres.
Kusama también llevó su universo a otros terrenos de la moda y la belleza, con proyectos vinculados a Lancôme, Uniqlo, X-girl y XLARGE.

¿Por qué las grandes marcas querían trabajar con ella? Porque Kusama había conseguido algo extremadamente valioso tanto para el arte como para la moda: tener una identidad que podía reconocerse sin necesidad de leer su nombre.
Unos lunares podían convertir un bolso Louis Vuitton en un Kusama. Y una fachada entera podía transformarse en una de sus instalaciones.

Ese es parte del legado que deja tras su muerte: demostrar que el arte podía salir del museo, entrar en un armario y convertirse en uno de los códigos visuales más reconocibles del lujo contemporáneo.
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