Por todos es sabido el innato atrevimiento que reside en las películas de Boon- Joo ho, la sombría trama de Parasite y la estética de Memories of a Murder son la viva prueba de ello. En esta ocasión, el director surcoreano se basa en la novela de Edward Ashton para situarnos en un futuro donde la deshumanización del individuo sobrepasa los límites morales.
De las manos de un excelente Robert Pattinson como protagonista, se nos presenta a Mickey, un miembro de una tripulación espacial que cuenta con técnicas de clonación humana con las que son capaces de revivir a estos humanos prescindibles, como se les denomina en la película, con el objetivo de colonizar planetas y realizar pruebas médicas potencialmente peligrosas para la vida humana.
El largometraje, especialmente la primera hora del mismo, está conformado por una crítica contundente al capitalismo y a la explotación, llevada a cabo de forma magistral a través de la sátira y el humor negro. Se nos muestra como Mickey fallece constantemente en los diversos experimentos y como es revivido para repetir el proceso una y otra vez, hasta que en la 18 ocasión este proceso se reproduce aún con la anterior copia con vida. De ahí en adelante, se desatan diversos dilemas morales que escalan en un enfrentamiento con el principal antagonista, un espléndido Mark Ruffalo que desempeña el papel de un líder tirano y descerebrado que tras su fracaso en la Tierra como político, busca conquistar y expandirse a otros planetas junto a su primera dama, Toni Collete.

Los paralelismos con la realidad son visibles hasta el punto que el espectador quiera darse cuenta. Ningún punto de la trama sucede porque sí. Las sucesivas muertes de Mickey pueden ser vistas como el reemplazo de un trabajador cuando este fallece en un trágico accidente laboral, la interpretación de Ruffalo como una caricatura no muy lejana de la realidad de los líderes políticos actuales, o como la deshumanización es tan grotesca que en una escena se le da más valor a una alfombra que a la vida de un prescindible, al retirarla para que no se ensucie cuando estaba a punto de producirse un asesinato.
Como ya mencionamos antes, la primera hora de la película está perfectamente ejecutada en todos los aspectos posibles, con un empleo de voz en off que aporta contexto sobre lo que vemos en pantalla. Sin embargo, la excesiva duración de la producción juega en contra de la misma, provocando que existan altibajos muy pronunciados en la segunda mitad que afectan a la trama. En conjunto, no se puede decir que sea una mala película de Boon-Joo ho, ni mucho menos. La crítica es muy acertada y fácil de captar para el espectador más distraído, los actores principales muestran su talento y versatilidad en sus roles, pero su ritmo decreciente es un lastre difícil de ignorar y que coloca esta obra lejos de las mejores creaciones del director surcoreano.