¿Y si los coches del futuro sobrevolaran nuestras cabezas? Louis Vuitton decidió convertir esta fantasía en el escenario de su último desfile. Este martes 6 de octubre, la firma francesa puso el broche final a la Semana de la Moda de París con un espectáculo que parecía sacado de una película de ciencia ficción y que consiguió que, por unos instantes, la escenografía compitiera en protagonismo con la propia colección.
El histórico patio Cour Carrée del Museo del Louvre se transformó en una auténtica ciudad del futuro. Sobre una pasarela que simulaba una carretera, 34 coches de estética retrofuturista permanecían suspendidos en el aire, creando la ilusión de un atasco aéreo. Los vehículos, decorados con el emblemático estampado Damier de Louis Vuitton, lucían luces encendidas y diseños que recordaban a las películas de ciencia ficción de los años setenta.
El resultado fue una imagen tan surrealista como espectacular: modelos caminando por una avenida imaginaria mientras una flota de automóviles flotaba sobre sus cabezas, todo ello rodeado por la imponente arquitectura del Louvre.
La propuesta de Nicolas Ghesquière, director creativo de las colecciones femeninas de Louis Vuitton, fue mucho más que una presentación de tendencias. La firma apostó por una experiencia visual inmersiva en la que moda, arquitectura y fantasía futurista se fusionaron para transportar a los asistentes a una realidad alternativa.
Los coches voladores fueron, sin duda, el elemento más llamativo de la noche. Sus formas redondeadas, sus colores y sus luces creaban una atmósfera cinematográfica que contrastaba con los edificios históricos del museo parisino.
La instalación, formada por vehículos elevados sobre estructuras de soporte, evocaba una ciudad donde el tráfico ya no circula por las calles, sino por el cielo. Una visión imaginaria de la movilidad del mañana que conectaba directamente con uno de los grandes valores históricos de Louis Vuitton: el viaje.
Y es que pocas firmas entienden tan bien como la maison francesa que un desfile puede convertirse en un acontecimiento cultural capaz de trascender la moda. En esta ocasión, el impacto de la escenografía fue una de las grandes noticias del cierre de la Fashion Week.
Bajo esta sorprendente puesta en escena, Louis Vuitton presentó su colección primavera-verano 2027, titulada Ergonomie, una propuesta que, curiosamente, apostaba por la sencillez y la ligereza frente a la espectacularidad del escenario.
Ghesquière dejó a un lado parte de las estructuras rígidas que suelen caracterizar su trabajo para dar protagonismo a tejidos fluidos, transparencias, sedas, gasas y siluetas que acompañaban el movimiento natural del cuerpo.
Los blancos, los tonos neutros y los detalles metalizados convivieron con prendas de líneas relajadas y accesorios de inspiración futurista. Una colección concebida para una mujer urbana, dinámica y preparada para adaptarse a un mundo en constante transformación.
El propio diseñador reconoció que el aumento de las temperaturas había influido en su manera de concebir el vestuario, apostando por prendas cada vez más ligeras y funcionales.
Como era de esperar, el desfile también reunió a numerosos rostros internacionales. Zendaya, Emma Stone, Ana de Armas y Sophie Turner fueron algunas de las celebridades que acudieron a descubrir la nueva propuesta de la firma francesa.
Sin embargo, ni siquiera el impresionante elenco de invitados consiguió eclipsar por completo la sorprendente instalación que dominaba el patio del Louvre.
Louis Vuitton volvió a demostrar que la moda de lujo ya no se limita a presentar colecciones: también construye universos, cuenta historias y crea experiencias capaces de convertirse en acontecimientos por sí mismas.




