Estas cinco escapadas tienen estilos muy distintos, pero comparten una misma idea: el verano no tiene por qué vivirse siempre bajo calor extremo. A veces, el mejor plan está en una montaña suiza, una isla verde del Atlántico, una playa noruega iluminada a medianoche, una cala menorquina o una costa italiana de aguas cristalinas. Lugares para viajar más despacio, respirar mejor y recordar que también existe un verano fresquito, bonito y muy disfrutable.
Interlaken, Suiza: entre lagos turquesa y montañas nevadas

Cuando el calor aprieta en Europa, Interlaken aparece como uno de esos lugares donde el verano se siente más ligero. La ciudad está rodeada por los Alpes suizos y tiene ese aire fresco que invita a caminar y mirar las montañas.
La experiencia más especial es la subida al Jungfraujoch, conocido como el “techo de Europa”, donde se encuentra la estación de tren más alta del continente, a 3.454 metros de altitud.
Interlaken es una escapada ideal para quienes quieren disfrutar del verano sin agobiarse con las altas temperaturas, ya que puedes disfrutar de lagos con agua fría, hacer rutas con paisajes panorámicos, pasear en tren que atraviesa montañas y cascadas o simplemente cenar una fondue con vistas a los Alpes.
Azores, Portugal: el verano más verde del Atlántico

Las Azores son uno de esos destinos que todavía conservan cierta tranquilidad. En pleno Atlántico, en estas islas portuguesas se disfruta de temperaturas suaves durante todo el verano, rara vez superiores a los 25 grados.
En São Miguel, la isla principal, hay diferentes paisajes, puedes ver lagunas de color esmeralda, carreteras rodeadas de vegetación, miradores infinitos, vacas pastando en colinas verdes y piscinas naturales volcánicas donde bañarse con el sonido del océano de fondo.
Además, puedes observar ballenas, relajarte en aguas termales, hacer senderismo o simplemente conducir sin rumbo entre montañas y costa. Es un destino ideal para quienes quieren verde, aire puro y la sensación de estar lejos de todo, aunque sigan en Europa.
Costa Esmeralda, Cerdeña: el Caribe italiano

La Costa Esmeralda debe su nombre al color de sus aguas. Las playas de arena blanca y el mar turquesa recuerdan a destinos tropicales, pero con el encanto de los pequeños pueblos italianos, la buena cocina y las tardes largas de verano.
Uno de los planes más recomendables es hacer una excursión en barco al archipiélago de La Maddalena, una de las excursiones más espectaculares del Mediterráneo. Con aguas cristalinas, calas protegidas y paisajes marinos que parecen de ensueño. Es una escapada ideal para quien quiere disfrutar del verano mediterráneo.
Lofoten, Noruega: el verano del sol que nunca se esconde

En el norte de Noruega, las islas Lofoten ofrecen uno de los veranos más sorprendentes del mundo. Durante varias semanas el sol apenas desaparece, permitiendo hacer senderismo o pasear junto al mar a medianoche.
Las pequeñas casas rojas de pescadores, los fiordos y las montañas que caen directamente sobre el océano crean un paisaje espectacular. Las temperaturas oscilan entre los 10 y los 18 grados, convirtiéndolo en uno de los destinos más frescos de Europa durante julio y agosto.
Ver el sol de medianoche desde una playa de arena blanca es una experiencia difícil de comparar. definitivamente es una escapada para quienes quieren un verano distinto, silencioso y espectacular.
Cala Macarella, Menorca (España): Mediterráneo con calma y aguas turquesas

Menorca conserva algo que muchas islas del Mediterráneo han perdido: tranquilidad. Cala Macarella, ofrece un entorno natural rodeado de pinares y acantilados, con arena clara y agua transparente, es un lugar perfecto para nadar, hacer paddle surf o simplemente pasar horas mirando el mar.
El sendero del Camí de Cavalls permite llegar caminando a pequeñas calas escondidas, muchas de ellas prácticamente vírgenes. Al caer la tarde puedes cenar frente al puerto de Ciutadella, este plan completa una escapada que combina playa, gastronomía y naturaleza.





