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De Santa Cruz a Las Palmas en 20 minutos

por TSM
hace 1 día
Tiempo de lectura: 4 mins de lectura
© Regent

© Regent

Viajar en barco de Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas de Gran Canaria supone cerca de dos horas, una opción que se reduce a hora y veinte si se desembarca en Agaete. El recién salido seaglider de REGENT podría revolucionar la movilidad en las Islas gracias a su potencia y a su velocidad.

Del puerto de Santa Cruz al de Las Palmas hay 92 kilómetros de mar abierto. Puede llegar a 99 según la ruta que se trace: entre 49 y 54 millas náuticas. Lo normal para este recorrido es una hora y cuarenta, y eso sin contar lo que uno pierde embarcando. El seaglider de REGENT va a 160 nudos, es decir, a 290 kilómetros por hora. Si hacemos la división, salen 19 minutos. Aunque la letra pequeña del cálculo también toca contarla. Dentro del puerto no se vuela: ahí navega sobre el casco, despacito, y sobre las hidroalas alcanza como mucho 40 nudos. Metiendo esas maniobras de entrada y salida, el trayecto real se queda en unos 25 minutos.

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Media hora escasa entre capitales. Sin facturar, sin aeropuerto, sin la guagua hasta Agaete.

¿Y qué es el seaglider de REGENT?

REGENT Craft, una empresa de Rhode Island montada en 2020, ha construido algo que funciona de tres maneras distintas según el momento. Sale del muelle flotando sobre su casco, como cualquier lancha. Coge carrerilla y se levanta sobre unas hidroalas retráctiles, por encima del oleaje, que es cuando el pasaje deja de notar los golpes. Y ya en mar abierto despliega el ala y vuela. Pero vuela bajito, muy bajito: a diez metros del agua, sin separarse nunca más de lo que mide su propia envergadura.

Ese detalle, que suena a capricho, es toda la gracia del invento. Se llama efecto suelo y consiste en aprovechar el colchón de aire que se forma entre el ala y la superficie del mar. Volar así gasta muchísimo menos que volar arriba. La idea no es nueva: los soviéticos ya fabricaban ekranoplanos descomunales en los sesenta, aunque con motores de queroseno y para uso militar. Lo nuevo es hacerlo con baterías y con la intención de vendernos un billete.

Y aquí llega la noticia. El 2 de septiembre de 2026, en la bahía de Narragansett, el prototipo Viceroy voló por primera vez con dos capitanes a bordo. Fueron 596 metros a diez metros de altura, treinta segundos de nada. Suena a poco, pero es el mayor vehículo eléctrico de efecto suelo que ha volado jamás con personas dentro, y abre la última fase de ensayos antes de fabricar en serie el año que viene. Diez días antes la compañía se había embolsado 240 millones de dólares en una ronda de financiación con Japan Airlines, Alaska Airlines, Lockheed Martin y hasta Mark Cuban entre los que ponen el dinero.

Una utopía para Canarias

© Regent

Aunque todo esto suena muy bien, hay que ser realistas y tener algunas cosas en cuenta. La primera es que en Canarias no hay nada. Ni un acuerdo, ni una carta de intenciones, ni una reunión de la que se tenga noticia. Los clientes anunciados están en otras costas como Brittany Ferries en el Canal, la alemana FRS, Ocean Flyer en Nueva Zelanda, Alilauro en Italia, operadores en Croacia, Hawái y Emiratos y hay un estudio de viabilidad en marcha para las islas escocesas. Para el Atlántico medio, hay un silencio absoluto.

La segunda es más problemática todavía caben doce pasajeros. Doce. Fred. Olsen Express mueve más de 3,7 millones de personas al año entre islas. Con esas cuentas, esto no viene a jubilar al ferry ni de lejos. Lo que sí puede hacer es meterse en el hueco que hoy no cubre nadie bien: el que va y vuelve en el día por trabajo y pierde media jornada en el intento, el traslado sanitario urgente, el enlace de mucha frecuencia y poco pasaje, entre otras opciones.

Y ahí es donde la cosa se pone interesante de verdad. Porque el argumento que repite la industria entera para justificar el invento, rutas cortas sobre agua, entre islas, con puertos ya construidos y sin necesidad de tocar nada, describe Canarias con una puntería que casi da rabia. Lo dice todo el mundo menos nosotros.

Veinte minutos entre capitales no es una promesa, sino una utopía. Que llegue a cumplirse depende de que alguien, aquí, coja el teléfono.

Etiquetas: Alaska AirlinesJapan AirlinesLockheed MartinREGENT CraftRhode Island
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TSM

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