Hay novias que sueñan con el vestido desde siempre y otras que quieren precisamente huir de todo lo que se espera de un vestido de novia. Entre unas y otras parece haber encontrado su espacio Colección Bridal 2026, una edición en la que tradición y contemporaneidad volvieron a encontrarse sobre la pasarela.
Entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre, el Hotel Santa Catalina acogió la duodécima edición de la cita de Gran Canaria Moda Cálida, reuniendo a firmas consolidadas, diseñadores canarios y nuevas generaciones alrededor de un concepto especialmente evocador: “Volver al origen, al silencio del atelier”. Y no fue únicamente un lema. La escenografía, con maniquíes, tejidos, prendas y mesas de trabajo, llevó hasta la pasarela ese lugar íntimo en el que realmente empieza la moda: el taller.
La compañía canaria LÓperArs fue la encargada de abrir esta edición con El Último Ajuste, una pieza inspirada en el universo musical de West Side Story que fusionó música, teatro y danza antes de que comenzaran los desfiles. Una declaración de intenciones para una edición en la que el oficio, los materiales y las manos que hay detrás de cada prenda tuvieron un protagonismo especial.
De las aulas a la pasarela

Colección Bridal volvió a demostrar que hablar del futuro de la moda canaria implica necesariamente mirar hacia quienes están empezando. Por ello, el alumnado del IES La Minilla y de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria abrió los desfiles recuperando los tejidos utilizados en la escenografía de la edición anterior. Bajo el proyecto Segunda Vida Bridal, aquellos materiales encontraron una nueva existencia convertidos en moda nupcial.
La Minilla apostó por una colección modular de líneas limpias, volúmenes controlados y prendas combinables, mientras que La memoria del tejido, de los alumnos de tercer curso de Diseño de Moda de la Escuela de Arte, recurrió al devoré, el patchwork y las tiras desflecadas para construir una propuesta en blanco roto y negro.
Con esto, encontraron una manera inteligente de introducir la sostenibilidad en la conversación sin renunciar al diseño.
Una primera jornada con diferentes enfoques

Pero si algo dejó claro la pasarela es que la novia contemporánea admite muchas más interpretaciones. Rodrigo Piñeiro viajó hasta la opulencia de los ochenta con Dynasty, trasladando sus códigos a la alta costura contemporánea mediante hombros marcados, volúmenes arquitectónicos, tules, bordados a mano, mikados, rasos y satenes.
Ruth Rguez, por su parte, eligió otro universo con Luna Nueva. Negro, rosa y blanco construyeron una colección pensada para eventos de tarde y noche en la que las piezas intercambiables permitían transformar los estilismos. Además, la diseñadora recuperó y reinterpretó prendas procedentes de colecciones anteriores, volviendo a introducir la sostenibilidad en el diálogo.
Devota & Lomba puso el broche a la primera jornada mirando hacia su propio archivo. Cuatro décadas después del nacimiento de la firma, la casa revisó su lenguaje a través de pliegues, volúmenes, volantes y estructuras en movimiento. Pero hubo un detalle especialmente conectado con Canarias: los calados realizados por artesanas de Ingenio mediante técnicas tradicionales de deshilado y trabajo sobre lino.
La noche de la primera jornada terminó con un reconocimiento a Modesto Lomba por su vinculación con Gran Canaria Moda Cálida desde los orígenes del programa en 1996.
El segundo día remarcó el acento canario

El paisaje de las islas apareció con fuerza durante la segunda jornada. Y lo hizo sin necesidad de recurrir a interpretaciones literales. Diazar Atelier, firma palmera dirigida por Jonathan Díaz, presentó Night Lotus, una colección construida alrededor de la noche y la transformación. Corsetería estructurada, transparencias y volúmenes fluidos convivieron con negros, verdes agua, lilas, azules y destellos metálicos. Una propuesta realizada íntegramente en La Palma mediante técnicas artesanales.
Desde Lanzarote, Oswaldo Machín convirtió el paisaje volcánico y el viento en En-lazados. Las líneas arquitectónicas y las siluetas fluidas dialogaron con encajes, tules bordados y calados tradicionales canarios. Y la mirada bridal se amplió también hacia el hombre, con chaqués reinterpretados y trajes ligeros en azules y tonos tierra.
Gianluca Urraso encontró su inspiración mirando hacia arriba. Mar de nubes trasladó uno de los paisajes más reconocibles de Canarias a una colección dominada por la ligereza, el movimiento y la luminosidad. El blanco protagonizó las propuestas nupciales mientras la línea masculina introducía una mayor riqueza cromática. El periodista Roberto Herrera fue uno de los encargados de llevar sus diseños a la pasarela.
Y quizá una de las ideas que mejor resume hacia dónde se dirige el sector apareció con Aurelia Gil. Su colección CERO partió de una novia actual que quiere sentirse libre y cómoda. Blancos rotos y tonos crudos dieron forma a bustieres, vestidos cortos, faldas fluidas, drapeados y capas desmontables, alejándose de la idea de que existe una única silueta válida para pasar por el altar. Entre las sorpresas, la humorista Omayra Cazorla participó en el desfile, convirtiéndose además en una de las imágenes de la segunda jornada.
Y precisamente ahí está una de las conclusiones que deja esta edición de Colección Bridal: la moda nupcial parece sentirse cada vez más cómoda cuando deja de intentar definir cómo debe ser una novia.
Studio Hidalgo, Palmas y Ogadenia Couture son las tres firmas que cerraron Colección Bridal durante la jornada del viernesen una edición que ha reivindicado algo que a veces queda oculto detrás de la imagen final de un vestido: el oficio.
Patronaje, bordado, corsetería, calado, recuperación de tejidos, técnicas artesanales y nuevas formas de construcción han convivido durante estos días con una generación de diseñadores que encuentra inspiración en el paisaje y la identidad canaria sin necesidad de quedarse anclada en ellos.





