Hay algo que está cambiando en Canarias. No tiene que ver con el turismo, ni con el clima, aunque ambos sigan siendo protagonistas, sino con una nueva forma de entender la creatividad. Una que se programa, se diseña y se juega. En ese nuevo mapa, el Canarias Game Show (CGS) no es solo un evento: es una declaración de intenciones.
Porque aquí no se trata únicamente de consumir videojuegos. Se trata de crearlos, vivirlos y convertirlos en industria.

Un evento que no cabe en una sola fecha
A diferencia de las grandes ferias tradicionales, el Canarias Game Show rompe con el formato clásico. No se concentra en un único fin de semana ni en una sola isla.
El CGS 2026 arranca el 25 de abril en Gran Canaria, pero no termina ahí.
Su propuesta es itinerante: un recorrido que se extenderá a lo largo del año por otras islas como Tenerife, Fuerteventura o La Palma.
Este formato no es casual. Es una forma de democratizar el acceso, de llevar el videojuego a todo el territorio y de construir comunidad más allá de un punto concreto en el mapa.

Un ecosistema donde todo convive
Entrar en el Canarias Game Show es entrar en un ecosistema. Aquí conviven jugadores casuales con competidores, desarrolladores emergentes con público curioso, cosplay con tecnología.
Hay zonas de juego libre, torneos, exhibiciones, espacios interactivos. Pero lo importante no es la suma de actividades, sino la sensación: la de estar dentro de una cultura que ya no es nicho, sino presente.
El gaming, aquí, se convierte en lenguaje común.
Crear en Canarias (y desde Canarias)
Si algo diferencia al CGS de otros eventos es su foco en el talento local. No como discurso, sino como eje real.
Las Game Jams son su corazón creativo: espacios donde equipos multidisciplinares desarrollan videojuegos en tiempo récord. Ideas que nacen en horas, pero que pueden convertirse en proyectos reales.
Este tipo de iniciativas no solo fomentan la creatividad. Construyen industria.
Y, sobre todo, lanzan un mensaje claro: en Canarias también se crean videojuegos.





