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De Wimbledon a la naturaleza: así convierten pelotas de tenis usadas en pequeños refugios para ratones

por Susana Pérez
hace 2 meses
Tiempo de lectura: 4 mins de lectura

Cada año, Wimbledon utiliza alrededor de 54.000 pelotas de tenis. Parte de estas reconocidas pelotas amarillas han encontrado una segunda vida, convertirse en pequeños refugios para ratones espigueros, demostrando que incluso un residuo del deporte de élite puede transformarse en un recurso para la conservación de la naturaleza.

En Wimbledon las pelotas se cambian constantemente. Las primeras se sustituyen después de siete juegos, con el objetivo de mantener las condiciones de presión y fieltro que requiere la competición profesional.

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Así, durante las dos semanas del torneo se utilizan aproximadamente 54.000 pelotas. Una cantidad enorme para pelotas que solo son utilizadas en apenas unos juegos y luego son desechadas.

Desde principios de la década de 2000, el All England Lawn Tennis Club comenzó a donar pelotas usadas para iniciativas desarrolladas junto a organizaciones británicas de conservación, entre ellas Wildlife Trusts de diferentes regiones. El objetivo era aprovechar la forma y resistencia de la pelota para crear pequeños refugios artificiales para el ratón espiguero (Micromys minutus).

La iniciativa convierte así un material que ya no cumple las exigencias del tenis profesional en algo completamente diferente: un espacio protegido para uno de los mamíferos más pequeños de Europa.

Y la transformación de la pelota requiere de muy poca inversión. Se practica una pequeña abertura lateral en la pelota, suficientemente grande para que pueda acceder el ratón, y después se fija sobre una caña o poste, normalmente a cierta altura del suelo y entre vegetación.

La razón por la cual se utilizan estas pelotas para refugios de los ratones es porque los ratones espigueros viven entre hierbas altas, juncos y otra vegetación, donde construyen pequeños nidos esféricos entrelazando hojas y briznas de hierba. Son animales diminutos y excelentes trepadores, capaces incluso de utilizar su cola prensil para sujetarse a los tallos. La forma redondeada de una pelota recuerda precisamente a esos refugios naturales.

Una vez acondicionada y colocada sobre un poste, la pelota proporciona un espacio elevado y protegido en el que estos pequeños roedores pueden encontrar refugio. La abertura está pensada para permitir su entrada mientras dificulta el acceso de depredadores de mayor tamaño.

También, se resuelve un problema del enorme volumen de material que genera este deporte. Solo Wimbledon utiliza unas 54.000 pelotas durante cada edición. Muchas se venden posteriormente como recuerdo a los aficionados y los ingresos obtenidos se destinan a la Wimbledon Foundation. Otras pueden ser donadas o recicladas.

El problema es que una pelota que deja de servir para la alta competición todavía contiene materiales aprovechables. Desecharla inmediatamente significa acortar artificialmente su ciclo de vida.

Ahí es donde iniciativas como la de los refugios para ratones aportan otra forma de entender el reciclaje: no siempre es necesario destruir un objeto para recuperar sus materiales; en determinados casos también es posible buscarle una función completamente nueva. Es lo que conocemos como reutilización o upcycling: prolongar la utilidad de algo que ha dejado de cumplir el propósito para el que fue fabricado.

Aunque la historia ha vuelto a circular recientemente, la iniciativa no nació este verano. En 2001 ya se documentaba la colaboración del All England Lawn Tennis Club con organizaciones de conservación británicas para aprovechar pelotas procedentes de Wimbledon como refugios para ratones espigueros.

La idea trascendió además las instalaciones de Wimbledon. Una publicación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) sobre deporte y biodiversidad recogió posteriormente este proyecto como ejemplo de cómo el equipamiento deportivo usado puede reutilizarse en favor de la biodiversidad, señalando que otros clubes de tenis británicos también habían donado pelotas a organizaciones locales de conservación.

No todas las utilizadas cada año tienen este objetivo de reciclaje. Muchas se venden, otras se reutilizan y se reciclan. Pero aquellas destinadas a proyectos de conservación representan una de esas pequeñas soluciones en las que deporte, creatividad, reciclaje y naturaleza encuentran un punto en común.

Porque reciclar no consiste únicamente en evitar que algo termine convertido en basura. A veces también consiste en descubrir que aquello que parecía haber llegado al final de su vida todavía puede ser útil para otra especie.

Etiquetas: All England Lawn Tennis ClubMicromys minutusUnión Internacional para la Conservación de la NaturalezaWildlife TrustsWimbledon
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Susana Pérez

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