En la costa atlántica de Portugal existe un lugar donde el mar deja de ser paisaje para convertirse en espectáculo. Ese lugar es Nazaré, un pequeño pueblo pesquero que, cada invierno, se transforma en el escenario de algunas de las olas más grandes del planeta.
Nazaré conserva el encanto de las villas marineras: barcas varadas en la arena, redes extendidas al sol y restaurantes donde el pescado llega directo del Atlántico al plato. Pero frente a su costa ocurre algo extraordinario. Bajo el agua se encuentra el Cañón de Nazaré, un gigantesco cañón submarino que canaliza la fuerza del océano y la proyecta hacia la superficie, creando olas que pueden superar los treinta metros de altura.
El momento que cambió la historia reciente del pueblo llegó en 2011, cuando el hawaiano Garrett McNamara surfeó aquí una ola histórica que dio la vuelta al mundo y colocó definitivamente a Nazaré en el mapa del surf extremo.




