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21 años, cuatro libros y un contrato con los grandes: El viaje de María Cuadrado hacia el thriller psicológico a través de ‘186 días’

por Abril Ronsisvalle
hace 2 meses
Tiempo de lectura: 10 mins de lectura

María Cuadrado solo tiene 21 años, pero ya ha publicado cuatro libros y traducido dos. Todo y nada, nada y todo fue su primera obra en español, introduciéndola en el género romántico y lírico. Ahora se introduce en el thriller psicológico con la publicación de 186 días.

Al mirarla, muchas personas ven a una chica superdotada que sacó un 14 en selectividad y a la que parece que las cosas no le cuestan, pero la realidad es que hay aún más trabajo que inteligencia. Cuando se define a sí misma, destaca que es “una persona con mucha fuerza de voluntad, que siente pasión por los libros y tiene el sueño medio imposible de dedicarse a tiempo completo a escribir novelas”. Hoy, parece que ese sueño está más cerca tras la publicación de su novela 186 días. 

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¿Cuándo surge tu interés por la literatura? ¿Dirías que tu interés por leer y por escribir fueron siempre de la mano?

Desde muy pequeña me encantaba leer. Lo pasé mal en el cole porque me hacían bullying por tener altas capacidades. He pasado mucho tiempo de mi vida sola, y siempre digo que los libros estuvieron ahí cuando la gente no. El bullying es algo que, con el apoyo familiar y la terapia, se supera, y yo por el camino me llevé el mayor descubrimiento de mi vida: mi vocación. Al final, la soledad llama a la escritura y la escritura a la soledad. Así, de algo malo nació algo bueno, que creo que es lo que ocurre muchas veces con los libros: a veces uno escribe cuando lo está pasando mal, y el sufrimiento acaba convirtiéndose en algo bonito que te da muchas alegrías después. 

De pequeña escribía cuentos y cositas, pero siempre fui más de leer que de escribir hasta que, con quince años, escribí mi primera novela (tras haberme pasado desde los doce estudiando por mi cuenta estructuras narrativas, desarrollo de personajes y todo lo que pillaba por internet) y me di cuenta de que eso era lo que quería hacer. 

Háblanos de tu proceso creativo, ¿en qué te inspiras al iniciar un relato?

Cada historia es distinta y esa es también la gracia: nunca es igual. Hay veces que tengo claro el principio de la historia, otras solamente sé cómo termina. A veces solo se me ocurre lo de en medio: personajes, escenas sueltas. 

Yo siempre estoy pensando (mi cabeza no para), y tengo muchas ideas. Normalmente, las voy anotando todas y, un buen día, un puñado de esas ideas que yo muchas veces ni siquiera había relacionado se unen en mi cabeza y así, de buenas a primeras, sé qué es lo siguiente que tengo que escribir. Intento tener la historia más o menos clara antes de ponerme: no lo planeo todo al detalle, muchas veces empiezo sin conocer el final, pero me gusta tener una dirección, saber más o menos adónde voy. 

Imagino que el proceso de escritura de 186 días comenzó con un propósito… ¿Tenías claro desde el principio que querías que la novela se publicara o empezaste a escribirlo sin tener claro si querías que viera la viera la luz?

Sí. Es curioso porque, en cuanto se me ocurrió, supe que había dado un salto de calidad y tuve la sensación de que, por primera vez, podía entrar en una editorial grande (de hecho, solamente envié la novela a Planeta y a Penguin Random House, y se interesaron por ella ambas editoriales). 186 días es lo más racional y lo más irracional que he creado: es una historia con un componente emocional muy grande, pero, al mismo tiempo, está pensada desde sus orígenes para enganchar desde la primera página, para que la gente no pueda dejar de leerla una vez empieza. Quería crear algo diferente. Hoy en día es muy difícil, pero quería escribir una novela que aportase algo nuevo al panorama literario, que no dejase indiferente a nadie y que se quedase con los lectores mucho después de terminarla.

En 186 días el lector sabe desde el principio qué ocurrió: Aria ayudó a Caín a esconder el cadáver de su mujer. ¿Por qué decidiste revelar el hecho central desde el inicio en lugar de construir el suspense alrededor del crimen?

Porque, como te decía antes, quería hacer algo diferente, y ya hay muchos thrillers (y muy buenos) que giran en torno a la pregunta: «¿Quién mató/secuestró a X?». En este caso, quería escribir una novela en la que la respuesta a esa pregunta estuviera clara desde el principio, en la que el interés no estuviera en resolver ningún misterio, sino en comprender cómo se llegó a esa situación y sobre todo por qué. 

Además, muchas veces la novela negra se centra en la investigación por parte de un policía, abogado o periodista que intenta resolver un crimen. En 186 días, la primera mitad de la novela se centra en la historia de amor de Aria y Caín y, la segunda (a partir del momento en que él la llama para esconder el cuerpo), en el padecimiento de todo el proceso policial y judicial por parte de una acusada. Es decir, lo que nos pasaría a cualquiera de nosotros si un buen día nos acusaran de homicidio: la detención, vista oral, prisión preventiva, juicio… 

La novela es una cuenta atrás hacia ese juicio en el que se esclarecerá lo que sucedió realmente, por eso las cartas de Aria se encabezan con el número de días que faltan para el juicio y por eso se llama 186 días: es el tiempo que ella tarda en narrar la historia de cómo llegó a esta situación. 

La novela mezcla thriller con una historia de amor profundamente tóxica. ¿Qué te interesaba explorar de este tipo de relaciones de dependencia emocional?

Por un lado, ya venía trabajando en otras obras el tema del amor no correspondido, y pensé: «¿Qué mayor encarnación del amor no correspondido hay que ser “la otra”?». Además, «la otra» no suele ser la protagonista de las historias, sino una tercera persona que desestabiliza una relación y no se suele indagar en sus motivos o en lo que ella siente. Así que quise que la protagonista de mi historia fuera ella. 

Por otra parte, las relaciones tóxicas son el pan de cada día, sobre todo entre la gente joven. No hablo de abusos físicos, sino de algo que muchas veces no sale en las noticias: el maltrato psicológico. Muchas veces (y voy a hablar en femenino porque esto les suele ocurrir más a las chicas, aunque a los chicos también les puede pasar), cuando eres joven y te enfrentas a la incertidumbre de la edad adulta, buscas a una persona que te dé seguridad. Es lo que Aria encuentra en Caín, que es un hombre más mayor, con un puesto de poder. Ella, además, tiene una serie de carencias emocionales que hacen que la dependencia de él aumente; ella se obsesiona y está dispuesta a hacer cualquier cosa por conseguir su afecto (que él, por su parte, dosifica con refuerzos intermitentes). Creo que esta clase de relaciones se suelen juzgar mucho desde fuera. Siempre hacen las mismas preguntas: «¿Por qué no te fuiste?». Como si fuera así de fácil. Pero quería mostrar que, cuando una está inmersa en una relación así, no es tan sencillo: cuando la persona a la que más quieres es también la que te hace daño (y muchas veces te consuela después), las cosas no están tan claras, empiezas a dudar de ti misma, muchas veces hasta te echas la culpa. Ocurre incluso que, al salir de relaciones así, las víctimas llegan a preguntarse si acaso no se lo inventaron o exageraron todo, si no estaba todo en su cabeza (es un fenómeno triste y retorcido que tiñe toda la narración de Aria). Algo así puede destrozar psicológicamente a una persona, y no es algo ficticio que ocurra en los libros solamente: es una realidad. 

Más que descubrir qué pasó, el lector intenta entender por qué pasó. ¿Fue ese el motor narrativo que guio la escritura?

Totalmente. Gracias a esta forma de presentar la historia, la novela puede centrarse en la parte más psicológica de la trama: en las motivaciones emocionales de personajes complejos y moralmente grises, y en qué clase de circunstancias pueden llevar a alguien a hacer algo como ocultar un cadáver. En este libro, los personajes no entran del todo en los moldes de «bueno» o «malo», el lector decide si la protagonista es víctima o culpable. Parece que todo está claro desde el principio, pero, a medida que vas leyendo, ves que nada más lejos de la realidad. 

Otro motor del proceso fue el hecho de que la novela esté escrita en cartas. Me gusta pensar que las cartas de Aria son la corrupción de «la carta de amor»: son cartas de desamor. Aria es un personaje muy complicado, con una personalidad fuerte y una voz que se impuso desde el principio del proceso: la historia la escribí yo, pero la cuenta a ella. Y se la cuenta a Caín. Esto es muy importante: ella escribe en un último intento de hablar con él, ese hombre por el que lo dio todo. Y en ningún momento pide perdón, sabe que lo que ha hecho es imperdonable, y no siente arrepentimiento: solamente busca comprensión. La novela plantea la cuestión inquietante de que hay cosas que son injustificables, pero no por ello incomprensibles. 

La novela tiene un tono muy psicológico. ¿Te documentaste sobre relaciones tóxicas o manipulación emocional para construir a los personajes?

Sí, me documenté sobre muchos aspectos: consulté con una psicóloga los perfiles de los personajes y con un psiquiatra los aspectos más concretos. Además, para los procedimientos policiales, me asesoró un excomisario de la Policía Nacional y, para los temas legales, una abogada (por supuesto, en la novela hay licencias literarias, pero lo importante es saber cuándo y por qué empleas una licencia, no hacerlo por ignorancia).

Me parecía importante abordar bien el tema de la salud mental, crear perfiles que, sobre todo en el caso de la protagonista, pudieran darse en la vida real (no quería irme a afecciones psiquiátricas fuera de lo común, sino precisamente a cuestiones que se dan en el día a día: las rumiaciones obsesivas, trastornos alimenticios, dependencia emocional, manipulación, chantaje, episodios depresivos, traumas con el abandono…). Eso aumenta la sensación inquietante que dan algunas novelas: «Esto podría pasar». Quería crear un personaje complejo, pero profundamente humano, con el que los lectores pudieran empatizar, aunque no siempre compartieran su forma de actuar.

La novela toca muchos temas sensibles… ¿Hubo algún fragmento especialmente difícil de escribir desde el punto de vista emocional?

Sí. No sabría decirte un capítulo o escena concretos sin destripar la historia, pero sí que te diré que la cabeza de Aria no era un lugar agradable en el que meterse y, en un momento dado, esta novela comenzó a pasarme factura emocionalmente. Al final, al escribir las cosas es casi como si las vivieras, y no fue fácil para mí en algunas ocasiones. De hecho, creo que lo más duro de todo no son las partes objetivamente desagradables que tienen que ver con el crimen en sí, sino más bien el hecho de que Aria no es capaz de superar lo de Caín. Ella está encerrada físicamente en la cárcel, pero psicológicamente también: no consigue dejar de echar de menos a la persona que la destrozó, salir del bucle tóxico de aquella relación. En el fondo, ella solo quiere que él la quiera. Y todos nos hemos sentido así alguna vez. 

Después de 186 días, ¿seguirás explorando el thriller psicológico o te atraen otros géneros?

A mí me atraen todos los géneros, pero lo cierto es que, aunque nunca había escrito un thriller antes, me ha encantado la experiencia y pretendo seguir trabajando este género, al menos en el futuro inmediato. De hecho, mi segunda novela también es un thriller psicológico y ya está enviada a la editorial y pendiente de aprobación.

¿Qué consejo le darías a otros jóvenes que, como tú, desean que sus novelas vean la luz?

Que lean mucho, escriban mucho y después vuelta a empezar. Ser escritor no es algo que ocurra de la noche a la mañana: hay que formarse. Hay que conocer la técnica, y muchas veces también la lengua (no es necesario tener profundísimos conocimientos lingüísticos para escribir bien, pero sí que ayuda mucho: por eso yo estudié Traducción e Interpretación en la universidad).

También hay que aprender a leer como escritor: analizar las novelas, qué te gusta, qué no, por qué, qué está bien hecho, qué habrías hecho de otra manera… Hay que darse tiempo para encontrar la propia voz, para descubrir qué es realmente lo que quieres hacer, qué clase de historias quieres contar. Es muy importante no traicionarse a uno mismo: no puedes escribir lo que creas que va a gustar a los demás, tienes que escribir lo que tú tengas dentro (lo otro viene después, por añadidura, porque al final yo pienso que la literatura busca representar una parte de la condición humana y, si eres fiel a ti mismo, al final lo estás siendo con la humanidad porque formas parte de ella, y eso se percibirá en tu obra y gustará).

Yo siempre digo que yo no fui buscando mi vocación, sino que me encontró ella a mí (ojalá me hubiera dado por ser médico, ingeniera o alguna de esas cosas que la gente creía que tenía que hacer con mis altas capacidades, pero la vocación no se elige). Un buen día, se me ocurrió una historia, y me di cuenta de que no sabía cómo escribirla. Sin esa idea, no habría empezado a escribir. Y después vino otra, y luego otra y otra y aquí estoy. Es difícil entrar en una editorial, y lo cierto es que no hay dos caminos iguales: cada uno tiene su propia historia como escritor. Al final, tienes que encontrar la tuya y sentir verdadera pasión por lo que haces para no rendirte.

Etiquetas: Penguin Random HousePlanetathriller psicológico
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Abril Ronsisvalle

Leo y escribo como hobby, pero también como trabajo. Me gusta contar historias, explorar novedades e investigar nuevos temas y en The ShowRoom Mag he encontrado el espacio en el que hacerlo.

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