La hora del vermut

“Mezclado, no agitado”. Así es como Sean Connery pedía por primera vez el famoso Vesper Martini de James Bond en Goldfinger (1964). El Martini al gusto de Bond lleva tres medidas de Gordon’s por una de vodka y media de Kina Lillet (actual Lillet Blanc), todo bien refrigerado para posteriormente añadir “una rodaja larga y fina de limón” y servirlo en una copa de Martini.

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A pesar de que el Vesper del agente secreto difiere del original, puesto que usa ginebra y vodka en lugar del vermut seco habitual y la peladura de un limón en lugar de una aceituna, se trata de uno de los momentos más icónicos que lleva la unicidad del vermut a la gran pantalla.

Como aperitivo y paso antes de comer, este vino aromatizado se ha convertido en la estrella del momento en solitario. Y es que requiere de una unidad de tiempo propia para disfrutar de su sabor y texturas, a la que célebremente se denomina la hora del vermut. Desde el rojo al blanco roto, pasando por amarillo pajizo o intenso. El vermut, vermú o vermouth no solo tiene tonos románticos, sino que puede ser dulce, seco, amargo o, incluso, picante.

Si eres cinéfilo y te gusta esta bebida, sabrás que también se ha convertido en el ingrediente básico de cócteles como el Negroni, el Campari 2000 o el Manhattan. Este último fue protagonista en Hollywood en la producción de Billy Wilder, Con faldas y a lo loco. En él, Marilyn Monroe resuelve la improvisada fiesta que había surgido en el tren de camino a Miami con la mezcla de bourbon y vermut en una bolsa de agua caliente.

El vermut se obtiene como resultado de la mezcla de diversas hierbas, entre las que se encuentran ruibarbo, raíz de lirio o quinina, entre otras. No obstante, el elemento principal es el ajenjo, planta herbácea que, en alemán, da nombre al aperitivo: wermut. Aunque muchos estamos enamorados de este regalo que le hacemos al paladar, pocos conocíamos que su origen se encuentra en la Antigua Grecia, donde se le atribuye al filósofo Hipócrates su creación. Este maceró ajenjo y díctamo creando así el vino que, en la Edad Media, se denominó vino hipocrático.

Sin embargo, el concepto moderno que pregnó a los vermuteros se lo debemos a dos destiladores italianos: Antonio y Beneditto Carpano. Ambos, en 1786, confeccionaron en la ciudad metropolitana de Milán una receta de aperitivo alemán a base de vino y el denominado wermut, junto a diversas sustancias aromáticas, hierbas y especias que personalizan el sabor. Posteriormente, en 1838, Luigi y Giuseppe Cora le dan un valor industrial a la bebida y aparecen otras marcas reconocidas, entre la que encontramos el famoso Martini (1863).

La marca Yzaguirre fue la primera que lo produjo en España en 1884, pero ¿y si tenemos uno autóctono y no lo sabíamos? Pues sí, existe. Primo de Lanzarote se elabora como primer vermut canario en 2017. Oriundo de Turín y residente en Lanzarote, Davide Musci apostó por el uso de vino de calidad de la Isla. Rubí con reflejos teja o cristalino con tonos amarillo brillante. PRIMO es el primero elaborado con Malvasía Volcánica y se fusiona con plantas autóctonas, obteniendo así una experiencia inigualable en tres fases: visual, olfativa y gustativa. Y ahora, solo nos queda saber una cosa: ¿Dónde podemos conseguirlo? El vermut canario se vende en Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife, La Palma e, incluso, Madrid. En la capitalina occidental, existen múltiples restaurantes y vinotecas que nos dejarán hacernos con esta joya de la que, además, se ha enamorado locamente el chef Berasategui. El Patio de Hugo y Ana, Fariña 1920, Espacio Gourmet o Canary Wine Vinoteca, son solo alguno de ellos. ¿No estás tardando en catarlo?

 

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