Greta Thunberg, la batuta de la revolución verde

“Dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos”.

Con esta contundencia se dio a conocer al mundo la activista sueca Greta Thunberg en la Conferencia sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, celebrada hace diez meses. Tan solo tiene 16 años, pero su determinación y profunda conciencia medioambiental la han convertido en la gran aliada de la lucha contra el calentamiento global.

No obstante, su demoledor discurso ante la ONU es solo la parte más conocida de su incansable activismo. Greta se perdía las clases cada viernes para manifestarse frente el Parlamento sueco por la defensa del medioambiente. Lo hacía portando una pancarta con un mensaje inequívoco: “Huelga escolar por el cambio climático”. De hecho, ha conseguido que miles de estudiantes de todo el mundo se sumen a su causa, inspirando el movimiento Fridays for Future. Este fenómeno tuvo su máxima expresión el viernes del 15 de marzo, fecha en la que se convocó una huelga estudiantil mundial que ha pasado a la historia.

Ese día se movilizaron cientos de miles de jóvenes de más de 1.600 ciudades de un centenar de países. Solo en España, el movimiento contó con más de 60 concentraciones en 58 ciudades. Uno de los lemas de esas movilizaciones, que se reflejó en miles de pancartas, retrataba a la perfección la situación a la que nos enfrentamos: “No tenemos un planeta B”. Lo cierto es que Greta lo empezó todo, con el único objetivo de que la clase política ponga en marcha de una vez medidas drásticas a favor del medioambiente. Ella sabe por qué hemos llegado a esta dramática realidad: “Nuestra civilización está siendo sacrificada por la oportunidad de que un número muy pequeño de personas continúe haciendo enormes cantidades de dinero”.

No cabe duda de que esta joven activista ya es todo un icono mediático. Su discurso en la Conferencia sobre el Cambio Climático caló tanto que en el pasado mes de enero fue invitada al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Decidió viajar a ese congreso en tren, dado que los aviones desprenden altas emisiones de CO2, en un trayecto que duró más de 30 horas. Allí volvió a sacarle los colores a los políticos presentes y a trasladarles un claro mensaje: “No quiero que estéis esperanzados. Quiero que entréis en pánico, que sintáis el miedo que yo siento cada día. Y después quiero que actuéis”.

Al mes siguiente acudiría a una conferencia organizada por el Comité Económico y Social Europeo, donde volvió a pronunciar otro discurso rodeada de los compañeros que han luchado con ella por esta causa. Además, el activismo de Greta tiene aún más mérito considerando que padece el síndrome de Asperger, uno de los trastornos del desarrollo que se incluyen dentro del espectro autista. Ella asegura que le afecta de una forma positiva, pues aumenta su capacidad de concentración, aunque provoca que se canse más.

Pero las hazañas de Greta no se quedan ahí. En el último mes pasó dos semanas navegando en un velero autosuficiente en un viaje transatlántico rumbo a Nueva York. Nuevamente, la activista sueca no quiso usar el avión para evitar emisiones contaminantes. El motivo de este viaje es su participación mañana en la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU. Incluso, ha aprovechado su estancia en el continente americano para manifestarse frente a la Casa Blanca y también estará en las protestas que Fridays for Future tiene planeadas hasta el día 27. Estas conformarán una nueva oleada histórica de movilizaciones por el medioambiente.

Su activismo le ha valido para ganar, junto a Fridays for Future, el premio Embajadora de Conciencia de Amnistía Internacional. Es más, la joven ha levantado tanta admiración que tres políticos noruegos la propusieron para el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, a buen seguro que esta adolescente firmaría sin pensarlo dos veces no ganar este prestigioso galardón a cambio de que la clase política mundial se ponga las pilas con el cambio climático. Y presionemos para que así sea, porque la lucha de Greta es la de todos. No hay un planeta B.

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